Ilustraciones para FNAC
Algunas ilustraciones hechas para FNAC:
Bolsas con retratos de escritores:



Detalle de retratos:



Ilustración de promoción:
Y aquí más info de las bolsas y el making-of.
Las fotografías son cortesía de www.fnac.es
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Bolsas con retratos de escritores:



Detalle de retratos:



Ilustración de promoción:
Y aquí más info de las bolsas y el making-of.
Las fotografías son cortesía de www.fnac.es
Si Guerres silencieuses tuviese banda sonora, ésta podría ser la suya:
No creo en grandes ideas, ni creo en documentos de interés humano.
Tu padre pasa, saluda la cámara, baila con tu madre, tienen 20 años.
Y yo, sólo observo el sol, como entra el sol
sólo observo el sol, como entra el sol
en los lugares que habitan los hombres, y se refleja su luz
sólo observo el sol, sólo observo el sol.
Vivo pegado a la tierra, la gravedad me impide caer al espacio
y merodean objetos que aprecio, mi vista y cariño los desgastan a diario.
Y yo, sólo observo el sol, como entra el sol
sólo observo el sol, como entra el sol
en los lugares que habitan los hombres y se refleja su luz.
Sólo observo el sol, sólo observo el sol.
Y yo, sólo observo el sol, como entra el sol
sólo observo el sol, como entra el sol
en los lugares que habitan los hombres y se refleja su luz.
Sólo observo el sol, sólo observo el sol.
Sólo observo el sol, sólo observo el sol.
Sólo observo el sol, sólo observo el sol.
El trabajo de documentación en Guerres silencieuses se centró en dos puntos: reconstruir el entorno de la infancia y juventud de mis padres, en Hospitalet y Barcelona, en los años 40, 50 y 6o y, por otra parte, recrear el ambiente de un cuartel militar en el territorio de Ifni, en África noroccidental.
Recuperar imágenes de cómo era el barrio donde vivieron mis padres de pequeños no fue muy difícil. Recurriendo a la família se puede encontrar material suficiente y es fácil encontrar fotos en internet. Cuando no existen documentos gráficos sólo queda plasmar con dibujos lo que describen otros.
La parte de documentación militar fue la más dura. Yo no hice el servicio militar, así que debía ceñirme a los recuerdos de mi padre y las escasas fotografías que tomó en su paso por aquel lugar (a finales de los 50 era caro revelar un carrete). En internet hay bastantes material, aunque no siempre queda claro de qué cuartel se trata, o de qué reemplazo (según el año, los uniformes habían cambiado de color, el fusil de modelo y de comer en el suelo, en campo abierto, se pasó a hacerlo sentados en un comedor… ). Una vez más, recurrí a la interpretación de lo descrito por los testimonios.
A continuación algunas fotos sobre las que me apoyé para algunos escenarios y unos bocetos basados en las descripciones de mi padre.
Hace más de un año que trabajo en una historia más personal que las anteriores. Se titulará Guerres silencieuses. En este nuevo proyecto trato de reconstruir un cuaderno de memorias que escribió mi padre al acabar el servicio militar en África, entre finales de los 50 y principios de los 60.
Me interesa abordar la rapidez con la que, en aquellos años, se dejaba de ser joven para pasar a ser adulto. A paso ligero, sin apenas darse cuenta, como el que pasa de una habitación a otra, como quien cambia de camisa; sin tiempo para reflexionar acerca de qué querían hacer con sus vidas. Visto desde la actual perspectiva parece cosa de otro mundo, pero esa fugacidad de la juventud me pareció algo devastador y, en cierta forma, siempre está presente en mis historias.
El texto que viene a continuación es un fragmento del libro El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati. Tras escribir el guión de Guerres silencieuses me sugirieron leer El desierto de los bárbaros: “Verás puntos en común”, me dijeron. Y sí, descubrí, salvando todas las distancias, que en los dos casos se trata sobre la pérdida del tiempo más valioso, el de la juventud, y la espera de un enemigo que nunca llega.
Es estremecedor cómo Buzzati describe el tránsito por la vida en poco más de una página. Si tenéis un mal día mejor lo leéis en otro momento. Salud.
♦ ♦ ♦ ♦ ♦ ♦ ♦ ♦
“Tendido en el camastro, fuera del halo de la lámpara de petróleo, mientras fantaseaba sobre su propia vida, a Giovanni Drogo lo asaltó repentinamente el sueño. Y mientras tanto, precisamente esa noche —oh, si lo hubiera sabido, quizá no tendría ganas de dormir—, precisamente esa noche comenzaba para él la irreparable fuga del tiempo.
Hasta entonces había avanzado por la despreocupada edad de la primera juventud, un camino que de niño parece infinito, por el que los años discurren lentos y con paso ligero, de modo que nadie nota su marcha. Se camina plácidamente, mirando con curiosidad alrededor, no hay ninguna necesidad de apresurarse, nadie nos hostiga por detrás y nadie nos espera, también los compañeros avanzan sin aprensiones, parándose a menudo a bromear. Desde las casas, en las puertas, las personas mayores saludan benignas, y hacen gestos indicando el horizonte con sonrisas de inteligencia; así el corazón empieza a latir con heroicos y tiernos deseos, se saborea la víspera de las cosas maravillosas que se esperan más adelante; aún no se ven, no, pero es seguro, absolutamente seguro, que un día llegaremos a ellas.
¿Queda aún mucho? No, basta con atravesar aquel río de allá al fondo, con franquear aquellas verdes colinas. ¿No habremos llegado ya, por casualidad? ¿No son quizá estos árboles, estos prados, esta blanca casa lo que buscábamos? Por unos instantes da la impresión de que sí y uno quisiera detenerse. Después se oye decir que delante es mejor, y se reanuda sin pensar el camino.
Así se continúa andando en medio de una espera confiada, y los días son largos y tranquilos, el sol resplandece alto en el cielo y parece que nunca tiene ganas de caer hacia poniente.
Pero en cierto punto, casi instintivamente, uno se vuelve hacia atrás y ve que una verja se ha atrancado a sus espaldas, cerrando la vía del retorno. Entonces se siente que algo ha cambiado, el sol ya no parece inmóvil, sino que se desplaza rápidamente, ¡ay!, casi no da tiempo de mirarlo y ya se precipita hacia el límite del horizonte; uno advierte que las nubes ya no se estancan en los golfos azules del cielo, sino que huyen superponiéndose unas a otras, tanta es su prisa; uno comprende que el tiempo pasa y que el camino un día tranquilo tendrá que acabar también.
Cierran en cierto punto a nuestras espaldas una pesada verja, la cierran con velocidad fulminante y no da tiempo de regresar. Pero Giovanni Drogo en ese momento dormía, ignorante, y sonreía en sueños como hacen los niños.
Pasarán días antes de que Drogo comprenda lo que ha sucedido. Será entonces como un despertar. Mirará a su alrededor, incrédulo; después oirá un pataleo de pasos que llegan a sus espaldas, verá la gente que, despertada antes que él, corre afanosa y se le adelanta para llegar primero. Oirá el latido del tiempo escandir ávidamente la vida. A las ventanas ya no se asomarán risueñas figuras, sino rostros inmóviles e indiferentes. Y si él pregunta cuánto camino queda, ellos señalarán de nuevo al horizonte, sí, pero sin ninguna bondad ni alegría. Mientras tanto los compañeros se perderán de vista, alguno se queda atrás, agotado; otro ha escapado delante; ahora ya no es sino un minúsculo punto en el horizonte.
Detrás de aquel río —dirá la gente—, diez kilómetros más y habrás llegado. Pero nunca se acaba, los días se hacen cada vez más breves, los compañeros de viaje más escasos; en las ventanas hay apáticas figuras pálidas que sacuden la cabeza.
Hasta que Drogo se quede completamente solo y aparezca en el horizonte la franja de un inmenso mar azul, de color plomo. Ahora estará cansado, las casas a lo largo del camino tendrán casi todas las ventanas cerradas y las escasas personas visibles le responderán con un gesto desconsolado: lo bueno estaba detrás, muy detrás, y él ha pasado por delante sin saberlo. ¡Oh!, es demasiado tarde ya para regresar, detrás de él se amplía el estruendo de la multitud que lo sigue, empujada por idéntica ilusión, pero aún invisible por el blanco camino desierto.
Giovanni Drogo ahora duerme en el interior del tercer reducto. Sueña y sonríe. Por última vez llegan a él, en la noche, las dulces imágenes de un mundo completamente feliz. ¡Ay! Si pudiera verse a sí mismo, como estará un día, allá donde el camino acaba, parado a la orilla del mar de plomo, bajo un cielo gris y uniforme, y a su alrededor ni una casa, ni un hombre, ni un árbol, ni siquiera una brizna de hierba, y todo así desde tiempo inmemorial…”
El desierto de los tártaros, Dino Buzzati.

Quero agradecer ao Festival Internacional de Quadrinhos de Belo Horizonte, FIQ, e ao Festival Internacional da BD Alger, Quadrinhos sem Fronteiras, pelos convites recebidos. Sinto-me profundamente honrado e grato pela lembrança, sobretudo por minha obra ainda ser pouco difundida no Brasil e na Argélia.
Minha família e eu estamos vivendo o pior ano de nossas vidas. Por motivos pessoais tive que cancelar minha participação aos dois eventos, embora tivesse confirmado presença, inclusive com palestras programadas. Lamento pelos transtornos causados.
Obrigado a todos por sua compreensão.
…
Je veux remercier au Festival internacional de quadrinhos de Belo Horizonte, FIQ, et le Festival international de la BD Alger, bulles sans frontières par l’invitation reçue. Je suis flatté de votre déférence, car mon oeuvre au Brésil et en Algérie est réduite.
Ma famille et moi nous avons passées la pire année de notre vie. Pour des motifs personnels j’ai annulée l’assistance aux deux événements, bien que ma présence était confirmée. Je suis désolé pour les ennuis crées.
Merci de votre compréhension.
…
Graças a Wander Antunes para a tradução Português.
Désolé par la traduction au français que j’ai fait .
El dibujante Beà me manda una perla para colgar en el blog.
En palabras suyas:
“Es una reliquia desconocida.
Se trata de la participación de nuestra boda en 1970. A ninguna de ambas
familias les hizo la más mínima gracia el chiste”.
Más tras las vacaciones…
Clic para ampliar.
Imposible resistirse a introducir otra pequeña pausa musical, asqueado de oír a tanto gilipollas hablar de violencia…
Le prochain 11, 12 et 13 juin je serai au Festival Goéland Masqué.
Si vous êtes amateurs du polar et de la BD, vous savez déjà de quoi je parle: des tas d’auteurs, toute sorte d’activités et bonne ambience.
Les aquarelles sont déjà dans le sac. À très bientôt!
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