Archivo

Archivo para Febrero, 2010

Proceso de guión de cómic

Martes, 23 de Febrero de 2010

Antes de empezar un guión parto de un resumen en el que se relatan las partes más importantes de la historia que voy a contar. Este resumen suelo fragmentarlo y le aplico un número aproximado de páginas a cada parte, para ceñirme a la extensión que tendrá álbum.

Después empiezo a escribir el guión técnico, donde indico el número de la página y viñetas, las descripciones de las viñetas, los diálogos y los textos de apoyo. Desde hace poco, esta parte del proceso la realizo con Celtx (software gratuito y multiplataforma) que facilita sumamente el trabajo. Por ejemplo: si elimino o añado una página o una viñeta, Celtx me reordena el resto del guión y añade una nueva numeración a todo.

Actualmente estoy siguiendo un método de trabajo diferente porque el proyecto en el que estoy involucrado me está resultando más difícil de lo habitual. Tras varios intentos de abordar la historia según la metodología al uso, he optado por dibujar directamente un storyboard con diálogos, sin pensar en cuántas páginas va a ocupar el álbum y sin un resumen previo. Aunque tengo claras algunas de las cosas que quiero contar, no estoy muy seguro de la importancia que debería darle a cada una de ellas, por eso estoy improvisando; me dejo llevar por los paisajes, los personajes, las frases del diario que estoy tratando de adaptar al cómic. No sé muy bien a dónde voy a ir a parar pero el hecho de haber pasado del modo “sólo texto” al “texto+imágen” me está ayudando bastante.

libreta.jpg

El story lo hago a lápiz en una libreta y con un acabado desastroso. Crear el guión desde cero de esta forma tiene sus inconvenientes: cuando decido añadir páginas en medio de unas que ya he dibujado debo enganchar con cinta adhesiva el nuevo pliego. A medida que el trabajo avanza la libreta se va convirtiendo en una especie de monstruo de Frankenstein. Le arranco páginas que ya no considero importantes, añado notas que sugieren cambios, pego medias páginas a modo de parche o fotocopias… A la mitad del guión ya no puedo cerrar la libreta de tantos añadidos que tiene.


hojas.jpg

Como medida de apoyo, para poder retomar el hilo de la historia de un simple vistazo, engancho unas notas informativas en la pared, siguiendo una línea de tiempo acorde a la historia. Esas notas describen las escenas más importantes y me permiten reordenar la narración y proponer nuevos planteamientos sin tener que trabajar en la libreta..


notas.jpg


Cuando el storyboard esté terminado, transcribiré los diálogos a Celtx para corregir y tener una copia digital para el rotulado.


celtx.jpg

Jaime Martín Herramientas de autor

Microstoryboard

Jueves, 18 de Febrero de 2010

Llevo unos meses trabajando en el guión del próximo proyecto y, ahora que voy llegando al final, acabo de descubrir algo que seguro no es nada nuevo. :-P

Me agiliza bastante el trabajo si dibujo un microstoryboard antes del storyboard propiamente dicho. Parece una redundancia pero lo cierto es que el microstory (3 x 4 cm la plancha) me permite borrar una página y rediseñarla en unos segundos mientras que borrar un storyboard más elaborado es algo más trabajoso.

El microstory, como es a tamaño de pulga y no precisa detalle alguno, lo puedes trabajar en condiciones relativamente incómodas (yo lo estoy empezando a probar en el tren). Sólo es importante planificar la cantidad de páginas que te va a ocupar una secuencia y unos breves apuntes de lo que serán los diálogos. Luego, en el storyboard de verdad, ya se puede trabajar la composición de página.

Ahí van unas fotos de mis microstoryboards antes de usar una plantilla:

Y aquí una plantilla que acabo de hacer para imprimirla y empezar a garabatear:

Jaime Martín Herramientas de autor

La loca vida de los dibujantes de los 60

Martes, 9 de Febrero de 2010

Josep Mª Beà, como todos los autores de su generación, podrían deberían escribir un libro contando los alocados momentos de la profesión en la década de los 60. En cómic ya disfrutamos desde hace años de Los profesionales de Carlos Giménez, una de esas series que podríamos releer una y mil veces, pero estaría bien algo parecido en narrativa.

Mientras se deciden, ahí va una perla en palabras del propio Beà:

Sobre la máquina JCB-4C.
Nos costó (a mi socio y a mí) 600.000 pelas de 1963, me lié a firmar letras y compramos una JCB-4C , nos la trajeron de Inglaterra. Era un cacharro, una bestia. Aquí no había excavadoras de aquel nivel, así que la jugada maestra era alquilarla por horas a empresas de construcción. Contratamos un palista que la manejara y nosotros nos manteníamos a pie de obra, con los brazos cruzados, controlando. Las empresas nos la quitaban de las manos. Dragados y Construcciones la contrató indefinidamente y nos daba un vale por las horas de funcionamiento diario que se cobraba a los quince días. La tuvimos unos seis o siete años. Trabajaba sola, era una máquina de hacer pasta. Llegamos a construir con ella los muros de contención del río Besós, por ejemplo. Teníamos veinte años y aquello era un chollo, así que nos desmadramos: tal como entraba el dinero nos lo pateábamos. En alguna ocasión, cuando el maquinista estaba de baja, llegué a manejarla yo. Era muy fácil excavar zanjas con aquel cacharro. Llegué a conducir la JCB por las calles de Barcelona, en plan de coña, yendo ha buscar chicas a su casa.
Fueron tiempos divertidos.


Beà dentro de la bestia:

Tarjeta de visita (dibujada por él, claro):

Jaime Martín Beà